Lo que vimos en Perú no fue solo una derrota; fue una claudicación. El Junior de Barranquilla, ese equipo que se jacta de tener una de las nóminas más costosas del país y que camina con suficiencia en el torneo local, terminó “paseado” por un Sporting que, siendo honestos, no necesitó ser una luminaria del fútbol para dejar en evidencia las costuras de un equipo sin alma.
Un equipo de “estrellas” con fútbol de barrio
Es indignante ver cómo jugadores con salarios astronómicos se comportan en la cancha como si fuera un “picadito” de esquina. Con todo el respeto por el fútbol de barrio —donde al menos se juega por el orgullo—, el Junior mostró hoy una cara desordenada, apática y carente de ideas.
No hay derecho a que un equipo con este talante sea tan ineficaz. La comparación con el fútbol de élite europeo es odiosa pero necesaria: mientras equipos como el Bayern asumen sus debilidades defensivas atacando con fiereza, el Junior es un ente inerte. El problema no es que le hagan dos goles; el problema es que, con los nombres que tiene arriba, es incapaz de generar miedo. Ni Muriel, ni Paiva, ni los llamados a marcar la diferencia aparecieron. Solo chispazos aislados de “Gachimbo”, que resultaron insuficientes ante la marea de mediocridad general.
La humillación de las cifras
Para poner en contexto el papelón:
- Junior: 3.º en la liga colombiana.
- Sporting (Perú): Puesto 11 en su liga local, con apenas 14 puntos.
Que el tercer mejor equipo de Colombia sea bailado por el undécimo de Perú no es solo un problema del Junior, es una alarma roja para todo nuestro balompié. Un solo punto en la Copa Libertadores es la prueba fehaciente de que el equipo está a la deriva.
¿Camerino roto o pizarra vacía?
La pregunta que hoy se hace todo Barranquilla es inevitable: ¿Qué está pasando adentro? Las opciones son igual de preocupantes:
- ¿Los jugadores le “pararon” el equipo al técnico y ya no creen en su mensaje?
- ¿O es el técnico el que está absolutamente perdido, sin capacidad de darle un centro de ideas a un grupo que no sabe a qué juega?
El Junior hoy juega sin espíritu y sin ganas. Si la actitud no cambia de inmediato, la hinchada puede ir despidiéndose no solo de la Libertadores, sino incluso del consuelo de la Sudamericana.
¿Es hora de cambiar el timón o debemos seguir hundiéndonos con el mismo capitán? El fútbol colombiano no merece este tipo de representaciones internacionales. Lo de hoy fue, en una sola palabra, vergonzoso.
Informe de TVAnálisis
